• Por Miguel Ángel Martínez

A la memoria del General Don Manuel Belgrano

ADVERTENCIA: A 250 años del nacimiento y a 200 años de la muerte de Manuel Belgrano, el Poder Ejecutivo Nacional por medio del Decreto 2/2020 dispuso que sea éste el “Año del General Manuel Belgrano”. Sirva este epítome como sentido homenaje al Doctor Manuel Belgrano, abogado devenido en militar cuando la Patria naciente le reclamó que ofrendara su vida para defenderla.

Un viento helado recorría las calles del Buenos Aires de junio de 1820 y se arremolinaba empecinadamente en el portal de la vieja casona de la calle Pirán, de paredes descascaradas, húmedas y descoloridas.

Nacía un nuevo día y en su interior un hombre moría. Un sollozo apagado hacía coro al rezo que prometía una nueva vida. Lenta e interminable agonía para el hombre que tanto había dado a la Patria por la libertad de todos y que la hora de partir de este mundo lo encontraba casi en soledad, acompañado por su familia, algunos frailes dominicos y sus amigos Manuel de Castro, Celedonio Balbín, los médicos Redhead y Sullivan y nadie más. Bien poco por cierto.

Así murió el Dr. Manuel Belgrano, el General de la Patria, totalmente ignorado y tanto que un solo periódico de Buenos Aires cinco días después, dio a conocer su muerte, fue El Despertador Teofilantrópico Misticopolítico, que dirigía el padre Castañeda, que en tono sentido se dirigía a las conciencias dormidas diciendo: “Es un deshonor a nuestro suelo, es una ingratitud que clama el cielo, el triste funeral, pobre y sombrío que se hizo en una iglesia junto al río, al ciudadano ilustre general Manuel Belgrano”. Ni la Gaceta, que era el periódico oficial, ni El Argos, que se jactaba en su subtítulo de tener cien ojos para ver la realidad, informaron sobre la muerte de Manuel Belgrano. Para ellos no fue noticia.

Murió pobre y tuvo un pobre funeral, el mármol de la cómoda de su hermano Miguel Belgrano se usó como lápida. El ataúd de pino, cubierto con un paño negro y cal, se ubicó junto a la puerta del atrio de Santo Domingo. Una simple inscripción hecha a las corridas decía “Aquí yace el General Belgrano” y nada más. Antes de morir y con apenas un soplo de vida, Belgrano le entregó su médico y amigo, el escocés Redhead, que se negó a cobrar por sus servicios, un reloj de bolsillo diciéndole “No se paga una amistad Doctor, téngalo como recuerdo”. Injusta pobreza pues mucho se le debía.

En abril de 1820 el gobernador Ramos Mejía le había pagado a Belgrano 300 pesos a cuenta de $ 13.000 de sueldos atrasados. Luego a falta de dinero en las cajas del Gobierno, el mismo Gobernador le entregó en pago de lo adeudado 250 quintales de mercurio que Belgrano podría vender para socorrer “extremas necesidades que no admiten espera”. La Junta de Representantes de Buenos Aires dispuso que el Gobierno le diera 500 pesos y el 7 de junio, otros 1.500 y eso fue todo, ni un peso más. Nadie se preguntó cuánto valía la libertad que este hombre había dado.

Debió pasar un año para que tuviera un funeral apropiado, pobre recompensa que habrá servido para calmar conciencias pero de ninguna manera la injusticia del olvido.

No fueron todos los ultrajes cometidos a la figura del patriota pues durante la presidencia del general Julio Argentino Roca se ordenó la exhumación de los restos para ser trasladados y depositados en el monumento construido a esos efectos.

La tarea fue realizada el jueves 4 de septiembre de 1902, a las 14 horas, estando presentes autoridades del gobierno, familiares y periodistas. Cuando se removió la lápida, encontraron el modesto ataúd desintegrado por el paso del tiempo y los huesos del Prócer que se rompían al ser manipulados. Todo se depositó junto con algunos dientes en una bandeja de plata que sostenía el párroco de Santo Domingo. Dos horas después la tarea había concluido. Al periodista de la revista Caras y Caretas le molestó que los funcionarios del gobierno no actuaran con el respeto y recogimiento que ameritaba la ocasión, destacando que ni siquiera se habían quitado los sombreros durante la ceremonia. Pero lo que más llamó la atención de los presentes fue ver que el Ministro del Interior, el intelectual Joaquín V González y el Ministro de Guerra Pablo Richieri, Teniente General, Águila Roja de Alemania, Gran Oficial de la Corona de Bélgica, se apropiasen, cada uno, de un diente del prócer.

La revista Caras y Caretas en su número 206 publicó: "González y Ricchieri se llevaron 'pequeños despojos del héroe'", agregando una caricatura con el título "Los ministros odontólogos" y el fantasma de Belgrano que decía: "¡Hasta los dientes me llevan! ¿No tendrán bastante con los propios para comer del presupuesto?".

Las explicaciones que dieron los ministros fue que querían mostrárselos al general Bartolomé Mitre, director y fundador del diario “La Nación”, que extrañamente había omitido informar a sus lectores de semejante desatino. Su rival el diario La Prensa aprovechó la ocasión, tomó como propia la causa y publicó: "Admírese el público: esos despojos sagrados se los repartieron buena, criollamente, el ministro del Interior y el ministro de Guerra. Ese despojo hecho por los dos funcionarios nacionales que nombramos debe ser reparado inmediatamente, porque esos restos forman parte de la herencia que debe vigilar severamente la gratitud nacional; no son del Gobierno sino del pueblo entero de la República y ningún funcionario, por más elevado o irresponsable que se crea, puede profanarla. Que devuelvan esos dientes al patriota que menos comió en su gloriosa vida con los dineros de la Nación".

Se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del glorioso General, pero sin embargo lo que se celebra es el Día de la Bandera, pues el Prócer no tiene un día en nuestro calendario oficial, pareciera que el único mérito de Belgrano haya sido el de crear la bandera, No hay descuido o ignorancia, solo manipulación de la historia para conveniencia de una dirigencia embarcada en filosofías económicas tan viejas como los enojos del General con las mismas, pues el Prócer fue mucho más que abogado, político, periodista, diplomático y militar, fue también un notable economista, defensor a ultranza de la industria nacional, aconsejando preferir las manufacturas locales antes que las importadas, ya que las primeras darían trabajo y mejorarían la condición social de los humildes de la Patria. Proponía la justicia social, y la educación como herramientas del progreso, precursor del periodismo nacional. Fue el primero en proponer una Reforma Agraria basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos. Además de todo ello fue precursor en la defensa del medio ambiente y de los derechos de la mujer. Sin ninguna duda Belgrano fue mucho más que el creador de la Bandera Nacional, razón por la cual subleva la razón el silencio de sus otros méritos.

La Patria de Manuel Belgrano, la Patria que él amó más que a su propia vida, la que le hizo decir: “Mucho me falta para ser un verdadero padre de la Patria; me contentaría con ser un buen hijo de ella.”, esa Patria le sigue debiendo el verdadero homenaje que el Prócer tiene bien merecido. Una Patria con justicia social, con independencia económica que impulse a la industria nacional para lograr el pleno empleo de los argentinos y que desaparezca para siempre la pobreza que avergüenza la conciencia. Una Patria que ejerza su soberanía en forma efectiva sobre todo el territorio nacional para impedir que se sigan depredando nuestros recursos naturales. Una Patria que defienda como bien sagrado el medio ambiente, la educación, la salud, la justicia y el bienestar de todos los argentinos. Todo ello sin duda regocijaría al Abogado, al General de los méritos ganados en el campo de batalla, al prohombre fundador de la Patria y entonces podríamos los argentinos ponernos de pie y decirle a su memoria: ¡aquí estamos mi General, esta vez hicimos la tarea y nadie dio un paso atrás, la Patria argentina es grande y usted puede descansar en paz!