• Por Agustín Cepeda

Otra zoncera más

El domingo 5 de julio, en La Nación salió una proclama de ADEPA (La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) por “Un virulento ataque a la libertad de prensa”. Lo paradójico de este posicionamiento es que está escrito, en primera medida, en el diario fundado por Bartolomé Mitre, que históricamente fue el reservorio moral de los grandes estancieros de la Pampa húmeda y los grandes importadores y exportadores de Buenos Aires. Porque si ADEPA quiere revolver en los anales de la historia creo que es preciso arrancar desde mucho antes que 1945. En su primera editorial, el diario La Nación Argentina (que luego cambia su nombre a La Nación), fundado por Bartolomé Mitre, asume la posición de ser una tribuna de doctrina porque “Fundada la nacionalidad es necesario propagar y defender los principios en que se ha inspirado. La pluma del escritor no será ya, porque no es necesario, la espada del combatiente (...)”[1].  Por lo menos, en esa época, el lobo no se disfrazaba de oveja y asumía ser responsable de los desastres cometidos como, por ejemplo, haber sido Bartolomé Mitre, jefe militar en la guerra contra el Paraguay.

Pero si se trata de asumir los últimos 70 años de historia argentina como el mal que aqueja al país, llama la atención porque el “periodismo independiente” omite suspicazmente a las dictaduras cívico militares y hace cargo al Peronismo de todos los males. Pareciera ser que este supuesto periodismo independiente se sentía más cómodo con gobiernos de facto que con gobiernos democráticamente elegidos. Curiosa forma de proclamarse republicanos y democráticos. El General Perón, ya en 1951, denunciaba la feroz oposición del diario de Gainza Paz, la Prensa, en uno de sus discursos emitidos sobre el accionar de esta “prensa libre”:

“Hay algunos diarios que sistemáticamente combaten todas nuestras medidas. Son los que dicen que los teléfonos andan mal porque ahora son argentinos y que antes andaban bien porque eran extranjeros. Pero ya se sabe por qué dicen eso, porque frente a ese artículo leemos el aviso que lo paga.”[2]

Es decir, su supuesta “libertad de prensa” siempre respondió a determinados intereses, como a los que alude ADEPA en su editorial al ponerse a defender a la Iglesia Católica en dicho período. Iglesia Católica cuyos capellanes habían influido sobre los hombres de las Fuerzas Armadas, atizando el fuego con el peligro del comunismo. Es preciso recordar que fue también la Iglesia Católica que había dispuesto la consigna “Cristo Vence”, a partir de su prensa católica, como proyecto golpista. Pero no, ADEPA es “neutral e independiente” y no dice ni siquiera un comentario acerca del golpe militar del 55, donde la Marina fusiló la casa de gobierno y asesinó a más de trescientos ciudadanos.

Y hoy “los tres mosqueteros de la libertad de prensa”: ADEPA (La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas), Fopea (Foro de Periodismo Argentino) y La Academia de Periodismo se atreven a hablar de falta de libertad prensa. Libertad de prensa que no denunciaron cuando el gobierno de Macri echó a 400 trabajadores de Télam, cuando despidieron masivamente a los periodistas de Radio Nacional, cuando echaron a los trabajadores de la TV pública, cuando se recortó la pauta a medios opositores.

Ocasionalmente “el periodismo independiente” omitió el aniversario del feroz ataque provocado a la redacción de Tiempo Argentino.[3] Tampoco se pudo observar la denuncia de ADEPA frente al ataque al periodista de C5N en la movilización contra la cuarentena (Sí, de FOPEA, nobleza obliga).

Pero, ¿Quiénes conducen estas instituciones que se arrogan ser los dueños de la libertad de prensa? ADEPA es presidida por Martín Etchevers (periodista del diario Clarín); FOPEA tiene como uno de sus fundadores a Daniel Santoro; y la Academia de Periodismo, es presidida por Joaquín Morales Solá, el exégeta del Operativo Independencia en Tucumán durante la dictadura y sus dos Vicepresidentes: Jorge Fonteveccia y Nelson Castro. Es decir, la libertad de prensa a la que aluden estos periodistas es la voz del poder dominante, que valga la redundancia, son ellos mismos.

Instituciones que nada objetaron cuando Lanata dijo de Cristina Fernández de Kirchner: “'Usted es una pobre vieja sola y enferma que lucha contra el olvido”; tampoco se manifestaron acerca de las tapas de la Revista Noticias hacia la actual vicepresidenta; menos aún con los dichos del inefable Baby Etchecopar. Cuando Lanata convocó a escrachar a los hijos del juez Eduardo Freiler, el comunicado de dichas instituciones repudiando dicho acto brilló por su ausencia. Al igual que cuando construyó la fábula del tesoro de la Familia Kirchner, provocando la muerte de Fabián Gutiérrez, ¿dónde estuvo el periodismo Independiente? ¿Dónde estuvo la responsabilidad periodística en todos estos casos? Este es el famoso periodismo que defiende ADEPA, que tilda de pseudoperiodismo a los que se oponen a su accionar. Accionar que discursivamente sostiene la concentración mediática. No hace falta recordar cuál fue su postura con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

En cambio, cuando alguien les dice a los periodistas que están relacionados con agentes de inteligencia, alegan que ahí hay falta de libertad de expresión. Es cierto que a lo largo de la historia muchos periodistas han sido proveídos de datos por servicios de inteligencia y de fuerzas de seguridad del Estado para desbaratar y denunciar avances autoritarios y antidemocráticos, como el famoso caso Watergate que desembocó en la dimisión de Nixon. Pero el problema es cuando el periodismo difunde información vinculada a inteligencia ilegal, cuando el periodismo trabaja a la orden de servicios de inteligencia o fuerzas de seguridad de dudosa procedencia. Este accionar es propio de gobiernos autoritarios y sus voceros. Las leyes son obligatorias para todos y todas. La libertad de expresión no exime a los periodistas de la ley, son sujetos de derecho y están bajo un marco normativo que deben respetar y no pueden saltar. En todo caso, habría que preguntarse, ¿por qué tanto temor y tanta reacción frente a la investigación promovida por el poder judicial?



[1] https://www.lanacion.com.ar/sociedad/1870-nid2311545

[2] Galasso, Norberto (2015). “Perón: Formación, ascenso y caída: 1893-1955. Editorial: Colihue.                   

[3] https://www.tiempoar.com.ar/nota/se-cumplen-tres-anos-del-feroz-ataque-a-tiempo