• Por Chabeli Rodríguez

Las elecciones no entienden de pandemias

Faltando menos de un año para las elecciones de medio término del 2021, que van a ser un punto de inflexión de cara al 2023, hay un clima de adormecimiento donde algunos sectores políticos están intentando despabilarse. Lo cierto es que en un año que tendría que haber sido de lineamientos políticos y gestión, la atención y los recursos viraron para atender una pandemia que nadie esperaba.

Este fenómeno no es exclusivo del gobierno nacional, cualquier provincia o municipio que miremos va a haber reasignado partidas a áreas prioritarias y subejecutado presupuesto para otras áreas. La CABA no es la excepción.

Pero las políticas públicas de un determinado partido, la composición de la coalición y los imaginarios sobre los que construyen discurso no son lo único que puede fortalecer un sector político. Si hay algo que podemos decir, más allá de que Vamos Juntos no pudo seguir haciendo veredas nuevas o poniendo led en las calles, es que Horacio Rodríguez Larreta salió fuertemente favorecido en la nueva dinámica de coordinación entre provincia y nación.

De manera muy habilidosa, el jefe de gobierno porteño logró pararse por arriba de la grieta que le marcaban propios y ajenos: la pandemia le dio la excusa para materializar la cuestión discursiva del diálogo. Mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar.

Lo cierto es que en el distrito capitalino la pandemia va a dejar a los sectores populares y la clase media muy golpeados, además de una recaudación muy baja. Para el primer trimestre del 2020 en CABA la desocupación era del 11,1% y la subocupación del 9,9% según la Dirección de Estadística y Censos de la ciudad[1]. Número que para el segundo trimestre debe haber crecido considerablemente si tenemos en cuenta que para julio de este año el desempleo a nivel nacional supera el 15%.

La recaudación con la que cuenta la ciudad por su parte, se fue achicando mes a mes: se recaudó 28% menos pasando de $27.701 millones en enero 2020 a $19.996 millones en mayo[2]. Tampoco parece que se vaya a recuperar hasta fin de año, sobre todo si tenemos en cuenta que la actividad económica cayó alrededor de 11%[3], lo que se traduce en menos recursos. No hay que olvidarnos de aquella primera batalla que se libró entre diciembre y febrero sobre los reajustes en el coeficiente de la coparticipación federal, que resultó en la quita de ese extra que Macri le había otorgado a la ciudad cuando era presidente. La baja de recursos coparticipables sumado a la baja en la recaudación,  hacen que para Vamos Juntos sea imposible gestionar y pagar sueldos sin emitir deuda, las famosas Letras del Tesoro. Muy probablemente, esto repercuta en la campaña del año que viene, que parece venir más austera de lo que tradicionalmente está acostumbrado el pro.  

A este panorama económico e institucional hay que agregarle los condimentos propios de la política: no hay claridad respecto de la o el sucesor de Larreta en la ciudad, la coalición que llevó a Larreta a la elección en 2019, a diferencia de aquella vez, es sumamente heterogénea y eso se ve tanto en la legislatura como en el reparto de cargos en los ministerios porteños, donde más que haber sintonía fina, se pueden ver los chispazos en las negociaciones.

No hay que desmerecer que Horacio Rodríguez Larreta se convirtió en 2019 en el primer Jefe de Gobierno de C.A.B.A. electo en la primera vuelta. Tampoco hay que perder de vista que la constitución de la ciudad inhabilita a Santilli a presentarse como candidato a jefe de gobierno. Naturalmente, las dos figuras que resuenan son Lousteau y Felipe Miguel. El primero buscando aliados en distintos distritos del país, el segundo evitando aparecer en público, al menos, hasta que termine la pandemia.

En esta coyuntura de desorden y confusión, Larreta supo pararla de pecho y salir jugando, porque supo hacer política a partir de la gestión de una crisis. Sin embargo, el contexto de incertidumbre de la sucesión en CABA, la falta de un candidato claro, sumado a las dudas en la estrategia de Larreta para posicionarse de cara al 2023 para las nacionales, abren una oportunidad para el peronismo porteño. Sobre todo si se tiene en cuenta la buena elección en 2019 con Lammens como candidato, habiendo sacado más del 35% de los votos y metido 11 legisladores.

Mantener los votos del 2019, construir un candidato y empezar a pensar la ciudad como un distrito a ganar son los tres pilares estratégicos de construcción del peronismo para poder llegar al 2023 dando pelea por la jefatura de gobierno, es cuestión de oportunidad y estrategia. A río revuelto, ganancia de pescadores.

 


[1]Tasas de actividad, empleo, desocupación, subocupación horaria. Ciudad de Buenos Aires. 3er. trimestre de 2014/1er. trimestre de 2020. DGEyC. Disponible en: https://www.estadisticaciudad.gob.ar/eyc/?p=27380

[2]Recaudación general. Período 2017-2020. AGIP. Disponible en: https://www.agip.gob.ar/informacion-de-utilidad/recaudacion/recaudacion#acordeon_0

[3]Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) estimación abril 2020. INDEC. Disponible en: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-3-9-48