• Por Tomás Rosner

Saladix

Compartimos con ustedes un poema inédito del escritor Tomás Rosner con ilustración de Rocío Cueto

La fiesta de la música

perfecta,

pero

que

se corta.

 

En cada interrupción,

la gente canta

y completa

la letra.

 

La bolsa

de hielo para el fernet

sobre la bacha

de la cocina

iluminada

por

azulejos

beige.

¿Sería capaz

de lidiar

con ese color

una tarde de lluvia?

 

Nos vamos

justo antes de que

el equipo de sonido

se termine de fundir.

 

Un taxi nos abandona porque

la empleada de la Shell

se toma su tiempo

para cobrar

las Saladix.

 

Encontramos otro

en la cuadra

del museo de Ciencias Naturales:

las sombras de los dinosaurios

nos habían inquietado.

 

Vamos a un telo

pero no hay lugar.

Nos bajamos del plan

y terminamos en casa.

 

Busco recrear la situación telar

pero Paula no me deja poner

Rod Stewart ni

encender un sahumerio.

 

“Además,

en los hoteles

están prohibidos los

inciensos”

No sé de dónde lo sacó

pero es razonable.

Imaginamos la vida del

conserje

remixada por gemidos

de terceros

y sancionando

a quien

encienda

varietales de

palo santo.

 

¿Quiénes van a los telos?

Parejas estables o

sacerdotes con recaídas,

apicultores huérfanos

o gente de trampa,

peronistas gandhianos o

jóvenes que viven con sus padres,

espantapájaros de solárium

o citas

que

salieron bien.

 

A la mañana,

leo en el diario

que somos la primera generación

en la que niños,

abuelos

y perros

pueden tener el mismo nombre.

 

El saldo del fin de semana largo:

es un error

pensar

que

si equivocamos el camino

nos va a ir mal.